
domingo, 11 de noviembre de 2012
DEDICATORIA
AGRADECIMIENTOS
· A
mi padre, por su constante deseo de conocer a los descendientes de sus tíos
Pedro, Francisco, Roberto, Delfina, José y Catalina Córdova Rey. Ese deseo fue
la motivación principal que me llevó a buscarlos.
· A
Francisco (Paco) y Armando Córdova Flores, quienes empeñaron su esfuerzo en
ayudarme a ubicar a todos los descendientes de mi tío Francisco Córdova Rojas.
· A Angelita Castillo, quien fue el vínculo para contactarme con los
descendientes de mi primo hermano Marco Palacios Córdova -ya fallecido- y con
el primo Jorge Ruesta Velásquez (a quien aún no conozco personalmente); una vez
establecida la comunicación con él, se me abrieron los caminos para encontrar
al resto de su familia.
· A
Flor Paulini Checa, por conectarme con los descendientes de los tíos abuelos
Pedro, Catalina, Roberto, Delfina y José Córdova Rey, al proporcionarme
correos electrónicos y números telefónicos.
· A
Sara Valdéz Córdova, por darme los datos que permitieron concluir la
elaboración del árbol genealógico de su madre: la tía María Córdova Rojas de
Valdéz.
· A
mis hermanos César, Marco, Carmen, Mary y Sara, por su constante aliento,
consejos e ideas.
·
A
los descendientes de los hermanos Córdova Rey, quienes respondieron a esta
iniciativa de manera tan altruista.
· A
todos ustedes, por su participación alegre y entusiasta, en especial a los
familiares que nos encontrábamos por primera vez, aún sin conocernos o habiendo
tenido escaso contacto, demostraron que la Familia es un valor preciado para
todos.
domingo, 28 de octubre de 2012
LA IDEA INICIAL
Entre muchos de ustedes existirá la inquietud por la razón de mi interés sobre conocer los orígenes de mis ancestros, y al mismo tiempo buscar e integrar a la actual generación de los Córdova Rey, es por ello que les comparto mi experiencia.
Hacia 1999 le comenté a mi padre, José Medardo Córdova Rojas, que estaba elaborando el árbol genealógico de la familia de mi hijo Alan Mattew Haugen. Él, con mucha tristeza, me dijo que le hubiera gustado hacer el suyo, partiendo de su abuelo José Francisco Córdoba Infante y saber quiénes fueron sus padres, pues solo sabía que eran originarios de España.
Como podrán darse cuenta he escrito Córdoba con “b” y no con “v”, porque según mi padre, el apellido de su abuelo se escribía así. Luego de este episodio, le prometí hacer todo lo posible por buscar información sobre mis bisabuelos.
Pasaron tres años y mi padre me visitó en Colorado Springs, lugar donde resido. Fueron días hermosos, al caer la tarde nos sentábamos en la sala y él empezaba a contar historias sobre su padre: José Leonor y sobre sus tíos Pedro, Delfina, Pancho, Roberto, José y Catalina Córdova Rey. Mientras narraba, yo trataba de anotar, lo más fielmente que podía, los recuerdos de mi padre. Ahora que él no está, entiendo claramente lo que significa la expresión de Zola, el gran escritor, cuando señalaba “felices aquellos que tienen recuerdos”[1]. Mi padre estaba confiándome lo que había guardado en la memoria toda su vida.
Supe por él, que al abuelo José Leonor y a sus hermanos, les gustaba tomar mucho aguardiente, cantar San Juanitos (música del Ecuador) y que se dedicaban a la cría de ganado. Con los años el abuelo José Leonor llegó a ser administrador de una hacienda ubicada en Catacaos y además, hacía las veces de maestro de los hijos del hacendado (lamentablemente no anoté el nombre de la hacienda).
Con el paso del tiempo compró una chacra en Querecotillo y como la abuela, Sara Rojas Peña había muerto, se juntó con una señora llamada Mica, quien tenía un hijo llamado Máximo. Estas charlas con mi padre me dejaron el deseo de conocer más sobre nuestros orígenes; quedaba pendiente cumplir con el ofrecimiento que le hice a mi padre.
Desde el año 2000 mi hermano Marco soñaba con hacer una reunión con todos los descendientes de nuestro abuelo Leonor Córdova Rey, Estas son las palabras que él escribió hace mucho tiempo: “Un día de estos, en uno de estos años, sería bonito una reunión familiar para así fortalecer a este gran árbol que es la familia Córdova Rojas, que ahora dispersos por el mundo andamos rodando como las hojas arrastradas por el viento, creo que ya es hora de saborear los frutos; claro está, para el que quiera participar voluntariamente”. Yo solo lo escuchaba, consideraba que no era el momento oportuno, estábamos desconectados de muchos de nuestros familiares y además no contábamos con las redes sociales de hoy.
El tiempo fue pasando y un buen día me di cuenta que tenía la mayor parte de los correos electrónicos de la familia, había hablado con la mayoría por teléfono o entablado comunicación mediante el facebook; parecía que el tiempo para convocar a una reunión familiar -que incluyera no solo a los descendientes de José Leonor sino además a los de sus hermanos Pedro, Catalina, Delfina, Roberto y Francisco Córdova Rey- había llegado.
Para el 2008 me había conectado ya con los familiares más cercanos, aquellos con los que compartí desde la niñez; luego fui buscando a los que no veía hacia muchísimos años, y me pareció interesante buscar a otros parientes para conocernos. En el 2011 ya estaban ubicados casi el 90% de los descendientes de mi abuelo José Leonor Córdova Rey, y cada vez que veía a mi hermano Marco él siempre me animaba a convocar a una reunión.
A pesar de todo lo avanzado ésta me seguía pareciendo imposible. Necesitaba un empuje, y éste vino de uno de mis jóvenes sobrinos: Beto Cárdenas Córdova - a quien todavía no conozco personalmente- en sus comentarios en facebook él mencionó en varias ocasiones la idea de una reunión familiar. Si faltaba un impulso llegó por allí, fue así que mis hermanas me sugirieron que era la oportunidad de encontrarnos en una reunión con todos los que estuviéramos deseosos de conocernos.
El deseo de mi padre de conocer sobre sus orígenes fue superado, la idea inicial se concretó en un reto aún más complejo: reunir a los descendientes de los siete hermanos Córdova Rey. Había surgido la tarea de concretar el “Cordovazo”.
Hacia 1999 le comenté a mi padre, José Medardo Córdova Rojas, que estaba elaborando el árbol genealógico de la familia de mi hijo Alan Mattew Haugen. Él, con mucha tristeza, me dijo que le hubiera gustado hacer el suyo, partiendo de su abuelo José Francisco Córdoba Infante y saber quiénes fueron sus padres, pues solo sabía que eran originarios de España.
Como podrán darse cuenta he escrito Córdoba con “b” y no con “v”, porque según mi padre, el apellido de su abuelo se escribía así. Luego de este episodio, le prometí hacer todo lo posible por buscar información sobre mis bisabuelos.
Pasaron tres años y mi padre me visitó en Colorado Springs, lugar donde resido. Fueron días hermosos, al caer la tarde nos sentábamos en la sala y él empezaba a contar historias sobre su padre: José Leonor y sobre sus tíos Pedro, Delfina, Pancho, Roberto, José y Catalina Córdova Rey. Mientras narraba, yo trataba de anotar, lo más fielmente que podía, los recuerdos de mi padre. Ahora que él no está, entiendo claramente lo que significa la expresión de Zola, el gran escritor, cuando señalaba “felices aquellos que tienen recuerdos”[1]. Mi padre estaba confiándome lo que había guardado en la memoria toda su vida.
Supe por él, que al abuelo José Leonor y a sus hermanos, les gustaba tomar mucho aguardiente, cantar San Juanitos (música del Ecuador) y que se dedicaban a la cría de ganado. Con los años el abuelo José Leonor llegó a ser administrador de una hacienda ubicada en Catacaos y además, hacía las veces de maestro de los hijos del hacendado (lamentablemente no anoté el nombre de la hacienda).
Con el paso del tiempo compró una chacra en Querecotillo y como la abuela, Sara Rojas Peña había muerto, se juntó con una señora llamada Mica, quien tenía un hijo llamado Máximo. Estas charlas con mi padre me dejaron el deseo de conocer más sobre nuestros orígenes; quedaba pendiente cumplir con el ofrecimiento que le hice a mi padre.
Desde el año 2000 mi hermano Marco soñaba con hacer una reunión con todos los descendientes de nuestro abuelo Leonor Córdova Rey, Estas son las palabras que él escribió hace mucho tiempo: “Un día de estos, en uno de estos años, sería bonito una reunión familiar para así fortalecer a este gran árbol que es la familia Córdova Rojas, que ahora dispersos por el mundo andamos rodando como las hojas arrastradas por el viento, creo que ya es hora de saborear los frutos; claro está, para el que quiera participar voluntariamente”. Yo solo lo escuchaba, consideraba que no era el momento oportuno, estábamos desconectados de muchos de nuestros familiares y además no contábamos con las redes sociales de hoy.
El tiempo fue pasando y un buen día me di cuenta que tenía la mayor parte de los correos electrónicos de la familia, había hablado con la mayoría por teléfono o entablado comunicación mediante el facebook; parecía que el tiempo para convocar a una reunión familiar -que incluyera no solo a los descendientes de José Leonor sino además a los de sus hermanos Pedro, Catalina, Delfina, Roberto y Francisco Córdova Rey- había llegado.
Para el 2008 me había conectado ya con los familiares más cercanos, aquellos con los que compartí desde la niñez; luego fui buscando a los que no veía hacia muchísimos años, y me pareció interesante buscar a otros parientes para conocernos. En el 2011 ya estaban ubicados casi el 90% de los descendientes de mi abuelo José Leonor Córdova Rey, y cada vez que veía a mi hermano Marco él siempre me animaba a convocar a una reunión.
A pesar de todo lo avanzado ésta me seguía pareciendo imposible. Necesitaba un empuje, y éste vino de uno de mis jóvenes sobrinos: Beto Cárdenas Córdova - a quien todavía no conozco personalmente- en sus comentarios en facebook él mencionó en varias ocasiones la idea de una reunión familiar. Si faltaba un impulso llegó por allí, fue así que mis hermanas me sugirieron que era la oportunidad de encontrarnos en una reunión con todos los que estuviéramos deseosos de conocernos.
El deseo de mi padre de conocer sobre sus orígenes fue superado, la idea inicial se concretó en un reto aún más complejo: reunir a los descendientes de los siete hermanos Córdova Rey. Había surgido la tarea de concretar el “Cordovazo”.
[1] Emile Zola, escritor
francés del siglo IXX, famoso por su obra Yo acuso, tuvo un papel muy
relevante en el caso Dreyfus que le costó el exilio. La cita ha sido
tomada de la carta escrita a Cèzanne, pintor impresionista y gran amigo de Zola
Juana Córdova Camacho
lunes, 1 de octubre de 2012
Jose (Manuel o Francisco) Cordoba Infante
De
lo que puedo dar testimonio es que mi padre nos contaba, cuando éramos
pequeños, que su abuelo José Francisco se había embarcado junto con cinco
hermanos en una travesía, para cubrir la distancia entre Zaragoza (España y
Perú). De ellos, uno desembarcó en Méjico, otro en Argentina, dos se
establecieron en Ecuador y uno falleció durante el viaje.
Otros
testimonios que he podido recoger indican que se trató de un pirata español que
llegó al puerto de Paita en un galeón y robó una campana de oro. No hay datos
precisos que nos permitan saber con exactitud si provenía o no de España, y el
lugar y fecha de su nacimiento. Asimismo, unos dicen que se llamó Manuel
Francisco, otros, José Francisco y que murió joven.
La
información procedente de mi padre es que el apellido de su abuelo era Córdoba
Infante, y que por error en los registros de la época se sustituyó la “b” por
la “v”, hecho que dio como resultado que el apellido difiera en escritura al de
sus descendientes.
Otros
datos sobre la familia se refieren a mi abuelo José Leonor Córdova Rey, aunque
se desconoce con exactitud el lugar de su nacimiento, existen dos versiones
sobre ello: la primera presume que fue en la ciudad de Loja perteneciente a la
Real Audiencia de Quito, parte del Virreinato del Perú, lugar de destino de
José Francisco y uno de sus hermanos y donde mi bisabuelo habría formado una
familia. Este dato parece no ser exacto, para la época en que se presume nació
el abuelo José Leonor, allá por los años de 1880 ya Loja formaba parte del
Ecuador, y este país era una república independiente.
La
segunda señala a Lancones -hoy represa de Poecho- como lugar de nacimiento de
José Leonor. Falta
investigar mucho al respecto, lo cierto es que si el abuelo Leonor nació en la
época que nos han transmitido nuestros padres, y si el lugar de nacimiento
hubiera sido Loja los datos señalan que hacia esos años la situación política
de Ecuador fue de conflictos políticos y militares internos sumamente duros.
Inicié
este punto, hablando sobre los padres de mi abuelo, sé que algunos de ustedes
ya conocían estas historia, pero pienso que vale la pena dejarlas plasmadas por
escrito para la posteridad, para que los que vengan detrás de nosotros conozcan
sus raíces y se sientan orgullosos de llevar la sangre Córdova.
Somos
descendientes de inmigrantes -en Ciencias Sociales- se nos aplica la pintoresca
expresión de “descendientes de los barcos”, ¿cómo no resultar fascinante el
hecho de poder rastrear en el más remoto pasado el tronco al cual
pertenecemos? Esta fascinación estuvo
siempre presente en mi padre y me la transmitió, pienso ¿cuál de las historias
que escuché de niña es la verdadera?, ¿cuáles forman parte del imaginario
familiar? No cejaré en el empeño de descubrir la verdad. Nuestro pasado forma
parte de nuestra Identidad, esos rasgos compartidos nos hacen sentir “como
peces en el agua” cuando encontramos a alguien que sabemos pertenece a nuestra
familia. Ese pasado es nuestro, no lo tenemos que crear, aunque sí recrear y
enriquecer y está esperando por nosotros con sus relatos, afiliaciones,
encuentros y desencuentros.
Esto
es lo que quiero trasmitirles a ustedes y a las futuras generaciones: conocer,
estimar, apreciar a nuestra Gran Familia, sin importar de dónde venimos, ni lo
humildes que fueron nuestros ancestros, lo importante es como hemos enriquecido
ese legado tanto intelectual como económicamente.
Nuestros
antepasados sembraron la semilla de esta familia, con aciertos o desaciertos,
no nos compete juzgarlos sólo entender que fueron producto de su tiempo y de
sus circunstancias.
[1] Don Bosco: filósofo,
educador, sacerdote italiano, fundador de la Orden Salesiana. Proclamado santo
en 1934, se le sigue conociendo hasta la actualidad con el apelativo de Don
Bosco.
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